Sólo porque una persona sonría todo el día no significa que su vida sea perfecta.

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La vida rara vez genera en nosotros una sensación de satisfacción completa.

Al menos con el concepto de completa que solemos albergar. En un mundo bastante artificial y plagado de falsas necesidades como es el nuestro, sentirnos personas a las que les falta una pieza o dos o las que sean puede cegar la dicha que podían generar las piezas con las que sí contamos. 

Es como si ese trocito que llena el hueco vacío que sentimos tener fuese la clave última e imprescindible para nuestra felicidad.

Tener deseos y metas vitales es legítimo y saludable. ¿Qué sentido tendría la vida si no tuviésemos objetivos e ilusiones? Pero distinto de esto es pensar que necesitamos todo lo que sanamente deseamos.

Fuente

Hacer una buena distinción es la clave para no dejarnos perturbar de forma exagerada por la derrota de no conseguir lo que planeamos.

Mediante esfuerzos descomunales, acabamos cosechando todos los logros, todas las pertenencias y todo aquello que hará que nuestra vida sea dichosa y acabamos agotados y con el cuerpo resentido. Una vez adquirido todo esto, esa dicha no se da y seguimos necesitando dar un paso más.

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